Hoy visitamos los viñedos de la familia Bründlmayer, en Alemania, para conocer un grave problema que les visita cada día. Ubicada en las colinas que rodean la ciudad vinícola de Langenlois, a unos 70 kilómetros de Viena.
En la página web del productor de vino encontramos una breve pero ilustrativa descripción del entorno en el que cultivan su materia prima: “Cerca de la desembocadura del río Kamp. Las colinas boscosas de la región de Waldviertel protegen de los gélidos vientos del noroeste. Durante el día, el sol calienta las terrazas pedregosas, mientras que, por la noche, el aire fresco y fragante del bosque se filtra a través del valle de Kamp hasta la Arena de Langenlois. La confluencia de días calurosos y noches frescas, la confluencia de los valles del Danubio y Kamp, y la diversidad geológica y climática de los lugares dan forma a los vinos”.
Jabalíes sibaritas
Lo que no nos cuentan aquí los responsables de esta bodega es que los jabalíes proliferan en esas colinas y visitan a diario los viñedos para alimentarse allí. Pero el siguiente vídeo, difundido en sus redes sociales, nos dejan claro que sus primeros clientes no invitados son los suidos silvestres.
“Una gran familia de jabalíes (técnicamente conocida como piara) y un buen vino se sienten como en casa aquí. Vídeo: Gernot Kreyer”. Así explican lo que han grabado en sus viñas, con varios rayones alimentándose en el suelo del emparrado y sus madres y otras hembras adultas merodeando por allí en busca de las uvas más sabrosas. Pero no les resultará sencillo acceder a ellas, ya que la empresa ha invertido en la protección de su preciado fruto y vemos unas mallas salvaguardándolas.





