Existe una teoría extendida entre los cazadores de corzos que relaciona las lesiones en las extremidades de los machos con la presencia de una cuerna atípica. Esta leyenda cinegética no tiene ninguna base científica.

El czador tras abatir al atípico corzo.
Un corzo con un trofeo único
Álvaro Lobo, un cazador nacido en Aguilar de Campos, municipio de la provincia de Valladolid, se inició hace siete años en la caza mayor. Caza la especie en rececho en un coto de Miranda de Ebro, situado en la comarca burgalesa del Valle del Ebro. La mañana del sábado hace unos días, por enésima, vez fue a buscar al macho de cuerna atípica. En esta ocasión tuvo la fortuna de localizarlo en un perdido. Estaba alimentándose de brotes nuevos de zarza. En un primer momento, dudó si era el corzo que llevaba buscando hace dos temporadas. No podía verlo bien entre los matorrales.

Un corzo cojo con una cuerna única
Tras medir la distancia que le separaba del ungulado con un telémetro, decide intentar su abate. Lo derriba de un único disparo de su rifle Tikka T3x Lite del calibre .270WSM. Al llegar hasta al animal, su sorpresa fue mayúscula. El cérvido presentaba un trofeo único y mostraba las evidencias en las patas delantera y trasera derecha de un trauma. Según el cazador, provocado por un atropello cuando era muy joven.







