Más de tres horas tras haber hecho la primera fotografía, Carlos Blanco conseguía cerrar un largo proceso repleto de errores y que ha imposibilitado que hiciera uso del nuevo precinto digital puesto en marcha por la Junta de Castilla y León. Conocemos de primera mano, tras entrevistar al cazador, la cara, cómo ha vivido un rececho que le ha llevado a conseguir este precioso trofeo y la cruz, las siguiente tres horas de intentos para poder precintarlo telemáticamente en una aplicación que no funciona.
Comencemos por lo realmente importante: la caza de este extrañísimo ejemplar. Se ha desarrollado en uno de los cotos que gestiona Carlos en la provincia de Segovia. No era el individuo que había motivado el madrugón del cazador. Nos confiesa que se había dirigido a intentar dar con otro corzo que tenía localizado, pero ese macho no ha dado la cara a pesar de sus intentos de encontrarlo.

Preciosa imagen del corzo junto al equipo utilizado por Carlos para su caza.
Un rececho efectivo ante un corzo único
Así que nuestro protagonista ha decidido ampliar el radio de búsqueda y a más o menos un kilómetro ha divisado otro corzo con otros dos ejemplares. “He mirado con mis prismáticos, unos Prismáticos: Leica Geovid Pro 10×42 AB+, y enseguida me he dado cuenta de que llevaba mucho bulto en las cuernas. He sospechado que se trataba de un animal que había visto solo en una ocasión, entre dos luces. Ya aquel día no supe si tenía una cuerna más o más puntas en una de ellas. Pero no imaginaba que tenía seis puntas en una cuerna. Me da pena no haber disfrutado más anteriormente de un animal tan excepcional”.
Así que Carlos ha comenzado a acercarse con una estrategia clara: recortar al máximo la distancia que le separaba del grupo de cérvidos. “He ido acercándome todo lo que la orografía del terreno me lo ha permitido. He llegado a un viso que asoma hacia un río y allí había dos opciones a considerar, izquierda o derecha. He tomado la decisión correcta y he dado con dos corzos aún a mucha distancia, pero no estaba el que perseguía, así que he vuelto un poco sobre mis pasos y de nuevo lo descubrí, a unos 700 metros. A partir de ahí he podido hacer una entrada muy bonita hasta ponerme a 350 metros. Una distancia muy factible para el visor que llevo, un Leica PRS con 30 aumentos. El disparo efectuado con su rifle Blaser R8 en calibre 7 mm Remington Magnum ha sido muy efectivo y lo ha dejado en el sitio.
Mi sorpresa ha sido encontrar todas esas puntas con un grosor impresionante, además de un perlado muy bonito”. Como vemos en las imágenes, el corzo cuenta con seis puntas en la cuerna izquierda y tres en la derecha.
Carlos nos cuenta que el corzo “Perdía una pata según andaba, la dejaba por atrás, algo que puede estar relacionado con la anomalía en la cuerna izquierda. Una anécdota que me ha llamado la atención”.





