La caza del corzo en la Comunidad Valenciana se rige por los planes técnicos de ordenación cinegética de cada acotado. La cazadora abatió este excepcional ejemplar el 19 de abril.
Unidos en la vida y por la caza
Noemí Ramón es una cazadora de 22 años natural de un pueblo del norte de Castellón. Se inició en la caza hace dos años de la mano de su pareja. Practica la caza del zorzal, el jabalí en espera y batida, y el rececho del corzo. Su primer corzo lo cazó hace un año. Caza habitualmente en un coto social, donde hace solo un lustro comenzaron a verse corzos. Los socios se turnan los tres precintos de macho que el acotado tiene posibilidad de abatir.

Tres años tras la pista del corzo de trofeo atípico
Noemí comparte con los usuarios de Club de Caza la historia de este ejemplar con una cuerna singular.
«El macho apenas salía del monte, de ahí la dificultad de su abate. Aquí el terreno es muy espeso y los corzos son muy complicados de localizar. Hay mucha arboleda y la altura del monte no te permite ver en muchas ocasiones, además la densidad de animales es muy baja.
Era el segundo día que salíamos a corzos en la temporada. La noche había sido lluviosa. Una hora antes del alba nos colocamos en una zona en la que lo habíamos visto en varias ocasiones.
Amanecía con niebla y, después de un par de horas sin ver nada, a eso de las 8:00 horas, vemos un corzo a 800 metros, pero con la bruma no podíamos apreciar si era macho o hembra. El ungulado regresaba de los bancales hacia el monte. El aire lo teníamos a favor y la niebla estaba levantando. Había que intentarlo. No estábamos del todo seguros, pero vimos que se tumbó en un claro y fuimos a por él».

Una complicada aproximación hasta el viejo corzo
«Después de dos horas de rececho conseguimos situarnos a 200 metros. Era el macho que llevábamos tres años tratando de abatir. Aunque la posición de tiro no era demasiado buena, ya que la altura del coscojo no me permitía tumbarme en el suelo, me coloqué sobre una piedra para ganar un poco de visión. Después de media hora esperando a que se levantara, decidimos silbarle un par de veces. El macho se incorpora ofreciendo el costado.
No me lo pienso dos veces y aprieto el gatillo de mi rifle de cerrojo Tikka T3X Lite Ember SS 7MM 62. El animal se queda de pie bajo un pequeño algarrobo, aunque sin moverse. Al llegar al lugar del lance comprobamos que había quedado colgado por la cuerna en una de las ramas. Se trata de un animal único, no solo por lo extraño de su trofeo, sino porque estaba ciego de un ojo y tenía varias fracturas en la mandíbula».







