Una larga comitiva de ciervos cruza justo frente a la cámara de Lasomaniaczka, una fotógrafa polaca especializada en fauna silvestre. Resulta muy llamativo que todos esos ejemplares de ungulados machos cuentan con unas cornamentas excepcionales, con múltiples y largas puntas e incluso coronas en lo más alto de estas.
Ciervos que pronto no se tolerarán
Durante las primeras semanas de verano, los machos aún forman grupos como el que estamos a punto de ver. El celo queda lejos todavía, pero cuando el calor vaya disminuyendo, irán separándose para defender territorios propios de precisamente esos congéneres con los que han estado conviviendo en meses anteriores.
Cuando el celo esté en lo más alto de esta época pre reproductiva, entre mediados de septiembre y casi todo octubre en nuestro país, las peleas se sucederán a las berreas, todo en un ceremonial enfocado a conseguir el mayor número de hembras y a defenderlas de los contendientes que se atrevan a desafiar al macho dominante.
Ahora estos machos lucen en su máximo esplendor. Se alimentan a diario y acumulan masa corporal para poder resistir esas semanas en las que su día a día estará enfocado a cubrir hembras y protegerlas de los intrusos. Apenas se alimentarán, por lo que no destinarán energías a actos que no sean estos, peleas y coitos, sin olvidar actos como orinar o escarbar la tierra de su territorio.





