Afortunadamente, las cuchillas, el molinete y la barra de corte no han herido al pequeño corcino. Es muy probable que el animal haya saltado al interior del cabezal de la cosechadora y de allí es rescatado por el agricultor. Acto seguido, lo deja en el suelo, junto a la máquina, empujando sus cuartos traseros en un claro gesto para animarle a alejarse del lugar. Algo que consigue pronto, y vemos cómo el jovencísimo ungulado corre por el cultivo ya cosechado para llegar a una parcela de vegetación donde estará mucho más seguro.
Desgraciadamente, estamos ante una escena que se repite cada verano, cuando coinciden la época idónea para la recogida de distintas especies de cereal de los campos de cultivo y las primeras semanas de vida de los corzos. La altura de los tallos del trigo, la cebada o similares resulta ideal para que las hembras de corzo paran y oculten a sus crías en mitad del cultivo a la hora de acudir a sus comederos habituales.
Esto sucede durante un breve periodo de tiempo, desde el momento del nacimiento y hasta que las crías pueden moverse ágilmente para seguir a sus madres. En este lapso de días o semanas resulta más seguro que los corcinos no se muevan torpemente debido a la juventud que quedarse camuflados en el suelo.
Casos similares con final feliz gracias a drones y cámaras
Quizás uno de los casos más virales lo protagonizó un corcino de color negro que fue detectado durante el desempeño de un proyecto de vigilancia de campos de siembra para detectar la posible presencia de fauna silvestre antes de ser segados en verde.
Algo que en muchos puntos de Europa y en algunos de nuestro país se han tomado muy en serio y han desarrollado programas de detección de corcinos en parcelas cultivadas antes de realizar la siega.






