Parece un animal doméstico, pero no lo es. Se trata de un animal silvestre, pero muy acostumbrado al contacto con el ser humano. Lo demuestra al acercarse al gruista tras solo silbarle: “Estaba guardando la grúa al final de la jornada de trabajo cuando lo vi venir. Instintivamente, le silbé, pero nunca pensé que acudiría”. El cochino no solo se subió a la plataforma del vehículo, sino que siguió allí y entró al taller. En el interior de la nave, aceptó un bocadillo que le ofreció el responsable de la empresa.
Estas imágenes han sido grabadas en Italia, en Angeli di Rosora, la ciudad más poblada de la provincia de Ancona. En esta zona centro de Italia, el jabalí experimenta una explosión demográfica, como en gran parte del país europeo. Y estos numerosos ejemplares buscan alimento entre las personas de los núcleos urbanos en los que cada vez se sienten más cómodos. Y una vez consiguen el alimento que procuran, se acostumbran y aprenden que esos restos de comida que tan sabrosos les resultan son más sencillos de conseguir que los insípidos brotes y las duras raíces que desentierran en el monte.





