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lunes, abril 20, 2026

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Dos tórtolas europeas beben en un bebedero colocado por los cazadores

Gracias a la labor realizada por el colectivo cinegético, pese a que en los últimos años el ave no era especie cazable en España, la población ha mostrado signos de recuperación.

Este documento de naturaleza ha sido captado por una cámara de fototrampeo ubicada por Miguel Osuna en un punto de agua. El guarda rural forma parte de la plantilla del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía. El sevillano es un gran defensor de la caza y el medio ambiente en redes sociales. Lleva más de 20 años desempeñando esta profesión y 15 años escribiendo obras relacionadas con la actividad cinegética y la perdiz roja.

 

Un lustro trabajando por la recuperación de la tórtola europea

La caza de la especie fue prohibida en España en 2021. La Comisión Europea instó a España a implementar una moratoria en la caza de esta especie durante cuatro años. El Plan Integral de Recuperación de la Tórtola Europea lleva en desarrollo desde su puesta en marcha en 2019. Se trata de una iniciativa que busca revertir el declive de la población de tórtolas en la Península Ibérica.

El PIRTE se basa en la investigación y seguimiento de sus poblaciones y en la gestión adaptativa. Busca revertir el estatus de «vulnerable» de la tórtola y establecer una base para la caza sostenible. Esta temporada se volverá a cazar la especie en España.

Cazadores y tórtolas: la parte que no se cuenta

El autor de este vídeo comparte con los usuarios de Club de Caza sus impresiones sobre la especie.

«La tórtola común lleva décadas perdiendo terreno. La agricultura intensiva, la desaparición del mosaico agrario, la pérdida de linderos, el abuso de herbicidas y la sequía han ido empujando a esta ave migratoria hacia una crisis silenciosa. Su canto, que marcaba el inicio del verano, ya apenas se escucha en muchos lugares donde era habitual.

Sin embargo, existe una parte de esta historia que rara vez se menciona con claridad: el papel fundamental que han desempeñado los cazadores en su recuperación.

Desde hace años, muchas sociedades de cazadores en España asumieron que el modelo cinegético debía transformarse si se quería seguir hablando de caza y conservación en el mismo idioma. Y así, lo que empezó siendo una preocupación de campo, se convirtió en acción organizada y sostenida.

Primero, las vedas

Muchos acotados impusieron vedas voluntarias, incluso antes de que las resoluciones oficiales lo exigieran. No hubo necesidad de prohibir: bastó con observar. Ante la bajada de ejemplares, muchos cotos decidieron suspender su caza de forma indefinida. Donde no había suficiente densidad, no se disparaba.

Después, la gestión del hábitat

Los cazadores apostaron por actuaciones activas para mejorar el medio:

  • Siembras de cereal sin cosecha, exclusivamente para el alimento de especies como la tórtola.
  • Instalación de bebederos, imprescindibles en años secos.
  • Protección de linderos, sotos, rastrojos y márgenes.

Estas prácticas, en muchos casos, se han sostenido sin ayudas públicas. No para cazar más, sino para garantizar el equilibrio ecológico del entorno.

Ciencia y caza

La participación de cazadores en programas de seguimiento poblacional, impulsados por universidades, fundaciones y administraciones, ha sido determinante. Su conocimiento directo del terreno, su presencia continua, ha permitido recabar datos de calidad sobre fenología, densidades, rutas migratorias y zonas críticas para la especie.

Además, los cazadores han sido parte de la defensa técnica del modelo mediterráneo ante Bruselas. En un contexto donde se pretendía imponer una moratoria general sin matices, fueron las federaciones de caza las que reclamaron una gestión adaptativa, apoyada en datos científicos, no en percepciones.

No menos importante ha sido su papel como disuasores del furtivismo. Su presencia activa en el campo ayuda a prevenir prácticas ilegales, como la captura indiscriminada o el uso de métodos prohibidos, que sí amenazan directamente a especies vulnerables.

El cazador no ha sido el problema, sino parte de la solución. Ha transformado su papel de recolector a gestor. De usuario del monte a defensor activo del hábitat. Y gracias a ese compromiso, la tórtola —que aún sigue en situación delicada— tiene hoy más posibilidades de recuperación que si se hubiera apostado únicamente por la prohibición y el abandono del medio rural.

Porque en un campo sin cazadores, el canto de la tórtola no solo dejaría de escucharse: dejaría de tener quién lo escuche».

 


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