“El oso se me acercó sigilosamente por detrás, me rodeó la pierna y empezó a morder a mi perro. Lo tenía colgado en el aire como una piñata, pero cada vez que lo dejaba en el suelo, volvía a perseguirlo”. Esta es la declaración que Kristen Savage, una vecina de Florida, ha realizado tras vivir la situación más traumática de su vida.
“Fue entonces cuando empecé a entrar en pánico porque estaba en el suelo, en una posición vulnerable. Pensaba: «¡Levántate y hazte grande!», así que empecé a agitar las manos y a gritarle, y a dar un paso hacia la osa. Ella retrocedió, pero en cuanto me detuve, volvió a correr hacia nosotros”.
Un ‘arma’ arrojadiza que les salvó la vida
Pero no sirvió de nada y el oso seguía acercándose a ellos. Fue entonces cuando se acordó de que llevaba una bolsa de galletas. Solo se le ocurrió usarla como arma. Las lanzó contra la cabeza del depredador. Entre el golpe y el olor del alimento, la osa centró su atención en las golosinas, lo que le brindó el tiempo necesario a la mujer para entrar en casa y avisar a las autoridades.
Tras el susto, Ringo, el perro, resultó ileso del ataque, y Kristen Savage solo sufrió algunos rasguños y moretones leves.





