Hoy conocemos a Fran Aceituno, un joven de solo 30 años pero que atesora ya 15 de experiencia cono cazador, sobre todo esperista. Este toledano vecino de Belvis de la Jara nos cuenta que desde que obtuvo la licencia de caza no ha dejado de acudir al monte a esperar a los jabalíes. Una modalidad que le apasiona, a pesar de que reconoce que también disfruta de la caza menor, sobre todo de los zorzales, así como de los recechos de corzo.

El primero de los jabalíes tenía un colmillo roto.
Pero reconoce que es realmente feliz cuando se sienta debajo de un chaparro “y soy el hombre más feliz del mundo. Soy autónomo, es una situación laboral muy estresante. El hecho de ir al monte solo, sin cobertura, formar parte de ese entorno, oír a los animales, aunque no cace, solo verlos, se convierte en la mejor terapia natural. Me da paz. Las esperas me dan paz”, subraya el joven cazador.
En esos tres lustros, Fran reconoce que nunca había vivido lo que le ha pasado esta semana. Así nos lo cuenta: “Cuando sueñas con la espera perfecta, imaginas una noche apacible, con entrada del jabalí con colmillos, a ser posible pronto y que brinde una buena opción para abatirlo. Yo nunca imaginé que eso mismo me sucedería tres veces seguidas”.

Fran junto a uno de los tres jabalíe sabatidos en el mismo puesto pero en días consecutivos.
Un gran jabalí en la finca
El esperista nos cuenta cómo es la finca en la que ha sucedido un hecho tan improbable. Se trata de una finca abierta dentro de un coto formado por distintos propietarios de montes colindantes. En este tipo de entornos, cuando descubres las señales de que ha entrado un gran jabalí no tienes la certeza de que cuando vayas a aguardarlo el animal siga allí. “Muchos machos están de paso. Ves sus huellas, las rascaduras en los troncos… Y nunca más vuelves a tener noticias”.
Se trata de la esencia de la espera nocturna o aguardo al jabalí. Una de las modalidades más íntimas y cercanas que enfrenta a cazador y presa. En la que la pericia, la experiencia y el conocimiento del cazador se aúnan para intentar burlar los desarrolladísimos sentidos del cochino y su natural desconfianza.

Los tres trofeos de los jabalíe sprotagonistas de esta historia.
Misma hora, mismo puesto y tres grandes jabalíes
Tras quince años cazando jabalíes, Fran nos confiesa que nunca había conseguir vivir un lance ante un ejemplar tan notable como los que acaba de abatir. Tras cerciorarse de que había entrado un buen macho, no se lo pensó y acudió al puesto. Los primeros en acudir fueron unos “marranchones”, ejemplares jóvenes a los que seguían varias hembras también de corta edad. A continuación, llegó la hembra adulta. Un ejemplar conocido por Fran a la que seguía un macho. El macho, pensó el cazador. Castañeó los colmillos antes de dejarse ver, como hacen los grandes machos dominantes. Lo había visto en una reciente entrada que registró la cámara de fototrampeo. Así que aprovechó la primera opción que le brindó el animal para iluminarlo con la linterna y disparar certeramente. «Al verlo, me di cuenta de que no era porque las cámaras captaron un ejemplar con los dos colmillos bien. A este le faltaba una amoladera, lo que ocasionó que el colmillo creciera hasta romperse. Esto solo significaba una cosa: el ejemplar que esperaba no era este”.
Segunda espera, segundo gran macho
El cazador se define a sí mismo como un enfermo de las esperas. Ha estado de 7 a 7 en el monte cuando su trabajo se lo ha permitido. Por ello, no había duda alguna de que al día siguiente repetiría la espera. Y la descripción de la jornada es prácticamente calcada a la noche anterior. Primero llegaron los ejemplares jóvenes. Tras ellos, las hembras inmaduras, seguidas de la hembra adulta. Y, de nuevo, el sonido de los colmillos chocando entre sí. “Al poder verle con la linterna pude distinguir una boca exagerada, la más grande de los tres. El lance fue rápido, sobre las 22:30 horas, igual que el anterior.
Un tercer jabalí entra en la finca
Al día siguiente, martes, fui a echar comida al puesto y vi una huella exagerada sobre una pisada mía. Así que el miércoles me volví a poner. A la misma hora entró la hembra junto a los jabalíes más jóvenes, pero oí el típico escándalo que forman estos animales cuando un macho adulto les atiza y les echa de su camino. Y se repitió la sucesión de entradas. Primero los guarrillos, luego las hembras pequeñas, después la grande y, poco después, el macho grande.
Sin duda, ejemplares afectados por el celo, aunque el cazador nos cuenta cómo demostraron desconfianza a la hora de dejarse ver. “En las tres esperas estuve un buen rato, al menos media hora, con el rifle encarado y el corazón a 200 esperando que dieran opción a iluminarlos y disparar con seguridad porque estos jabalíes sabían cómo taparse con el monte.
El equipo utilizado por Fran es siempre el mismo para este tipo de cacerías: un rifle Mauser M98 en calibre .30-06, montado con un visor Zeiss Victory HT 2,5-10×50 T y cargado con munición Norma Punta de Plástico en 180 grains.





