De poco vale disponer del último modelo de “smartphone”, la aplicación funciona cuando quiere o le parece y el cazador se queda en mitad del monte, en pelotas legales y maldiciendo a quien tuvo la estúpida y desafortunada idea de semejante bodrio.
Pobres madres las de los dos genios de Valladolid
Lo sentimos por ellas. Por la doble desgracia de haber parido lo que han parido y por no haber perdido el audífono y tener que oír, aun sin sonido, lo que habrán oído.
El sistema no funciona. Es una chapuza en lo tecnológico y un crimen en el aspecto legal.
Al Silicon Valley de Soria, en funciones de Administración sin serlo —y nos estamos refiriendo a la Fundación privada llamada Cesefor— parece que se le ha atragantado la ultratecnología del control de cazadores. Lo de las capturas es mera distracción. Pero esto no nos causa pena alguna, sino preocupación e inseguridad legal. Se están dedicando a controlar personas, y esto nos parece algo muy, muy serio.
Tan serio como lo sea disponer de nuestros datos personales y geolocalización, sin saber, como es preceptivo, si están legalmente autorizados para procesarlos.

Los fallos son continuos
Los vídeos que circulan en todos los medios lo prueban. Un caso más entre cientos: esta mañana, día 15 de abril, un conocido abogado, cazando en su coto, llevando dos teléfonos y en lugar con cobertura, se encontró, al intentar abrir la “aplicación” por simple curiosidad, que no funcionaba. No había cazado nada, pero se vio sin permiso para cazar y en situación ilegal. Inmediatamente llamó a varios testigos y Agentes de la Autoridad para que fuesen al lugar y levantasen acta de la situación. Nos comenta la posibilidad de una demanda vía penal…
Sabiendo, como hemos dicho repetidamente en esta página, que los interfectos autores nunca van a dar su soberbia a torcer, creemos que la única solución ante el abuso es la que se tenía que haber adoptado desde el primer día: la vía judicial.





