Detectar una liebre en su cama es algo reservado a los más experimentados y a los que cuentan con una visión más aguda. Sus tonos pardos se confunden con los terrenos en los que suele elegir cavar de manera rudimentaria entre grandes terrones de barbechos o entre la vegetación seca que encuentra y que le sirven de improvisado y rudimentario refugio para pasar las horas de menos luz del día. Y generalmente orientadas hacia la salida del sol para que le caliente la cabeza con sus primeros rayos.
Mientras es grabada desde una distancia muy cercana, alguien se le acerca por detrás. Piensa que la pillará desprevenida, pero no ha tenido en cuenta uno de los aspectos que la evolución de la especie ha dotado en estos pequeños animales, que son presas potenciales de multitud de depredadores.





