Una iniciativa que pretendía recoger imágenes del tigre siberiano para un trabajo científico sobre la especie ha servido para registrar una serie de fotografías con una gran águila y un corzo siberiano como protagonistas de una lucha por la vida o la muerte.

El águila cierra sus garras en el lomo del corzo
Las garras del águila se han cerrado sobre la espalda del cérvido. Este ejemplar de corzo siberiano lucha por intentar escapar ante el poderoso agarre de las uñas, de hasta 8 centímetros de longitud, que se han clavado sobre él. Pero su atacante cuenta con unas alas con una envergadura de casi dos metros y medio.

Estas sorprendentes imágenes han sido tomadas por una de las cámaras de fototrampeo colocadas estratégicamente en zonas querenciosas o de paso de fauna de la Reserva Natural Lazovsky en el territorio de Primorsk de Rusia. Allí pretendían registrar el paso o una acción de caza como esta, pero de otra especie, el tigre siberiano.

Fotografía que nos muestra en detalle al águila con el pico teñido del color de la sangre del corzo.
El peso de un corzo siberiano (Capreolus pygardus), también llamado corzo asiático, cuenta con un tamaño mayor que sus parientes europeos. Puede alcanzar los 40 kilos en la báscula y medir 1,3 metros de altura. Esto lo convierte en una presa mucho más complicada para depredadores como el águila real. Pero en un entorno totalmente nevado donde otras presas más habituales como roedores y pequeños mamíferos son ocultados por la nieve, el hambre lleva a cualquier predador a intentarlo con animales más corpulentos y que entrañan mayores riesgos a la hora de luchar con ellos.





