Tras el golpe, el jabalí queda desconcertado. Se vuelve para mirar al coche que parece ser el motivo de su prisa. Ha cruzado la carretera corriendo, con la vista fijada en el comienzo del bosque que está al otro lado de las mallas metálicas. Pero no contaba con la resistencia de la alambrada. Y, a pesar de que busca un agujero entre los hilos de hierro empujando con su jeta en distintos puntos, no lo encuentra.
Una situación que recoge perfectamente el conductor de este coche detenido al lado de la carretera y que podría haberse convertido en una escena peligrosa para cualquier vehículo que circulase por esa vía cuando el macareno ha irrumpido en ella para cruzarla.





