El instinto de persecución es uno de los más fuertes en los perros de caza. Y un animal como la liebre, que salta de la cama y corre frente a ellos, se convierte en un estímulo casi irrechazable. Pero estos perros son especialistas en otro tipo de caza. Y, como nos explica el adiestrador, parece que han pasado un entrenamiento de “limpieza”, como así lo llaman los expertos cuando trabajan con los canes la no respuesta o la ignorancia ante el rastro o cualquier contacto con especies que no interesan en esa cacería.
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