Cuando llegó la dotación de bomberos voluntarios encontró al animal casi inmóvil, agotado y condenado a una muerte lenta y muy sufrida. Los alambres de espino habían quedado entrelazados entre las puntas de la corona de una de sus cuernas. El ciervo no era capaz de liberarse, por lo que fue necesario intervenir con presteza, dado el grado de agotamiento del animal, que denotaba que llevaba en esa situación demasiado tiempo.
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Unas tijeras de corte especial con el mango largo, tipo cizalla, se convierten en la herramienta ideal para cortar el alambre. Uno a uno, el bombero los secciona, dejando al venado caer en la orilla del pantano, lugar al que había acudido probablemente a beber de sus aguas. Está agotado y necesita unos minutos para recuperar fuerzas. Afortunadamente, como indica el protagonista de esta historia, el animal pudo reincorporarse y salir del agua para volver al monte.





