Asomadas, laderas de vegetación, tras varios arbustos, en arroyos de densa vegetación, al final de una viña, en los largos barbechos de grandes terrones… Los buenos perdiceros saben que los bandos de perdices silvestres no se lo pondrán nada fácil y usarán las delgadas pero fortísimas patas de ese color rojizo para alejarse de cualquier peligro en forma de cazador que avisten en la lejanía. Solo la pericia, conjugada con la experiencia y el engaño, o quizás un punto de suerte, llevarán al perdicero a asistir a un espectáculo tan emotivo que lleva a su corazón a bombear sangre de manera más apresurada que si hubiera corrido un maratón.
Si te has quedado con ganas de que este sonido te transporte a tu coto tras las perdices, te dejamos una selección de vídeos que colmarán tus expectativas.





