Las liebres utilizan su sentido del olfato para buscar alimento, detectar a otros ejemplares de la misma especie o percibir la cercanía o el rastro de un depredador o un potencial peligro. Es lo que parece estar efectuando el animal que protagoniza las siguientes imágenes, al avanzar con la nariz pegada al suelo durante muchos metros sobre el camino de tierra donde sucede todo.
Mientras, el pequeño perro no sospecha que va a ser sorprendido por el lepórido en una situación que algunos cazadores que han visto la grabación han querido bromear al describirla como una ‘liebre de rastro’ que es muy eficaz en la ‘caza del perro’.
Un perro incapaz de competir con la liebre
Cuando ambos animales descubren la cercanía del otro, comienza una carrera muy descompensada en la que la liebre parece ser consciente de su inmensa superioridad. Los 70 km/h que es capaz de desarrollar en carrera no se pueden comparar a la rapidez que alcanza un perro de patas cortas y cráneo grande en relación al cuerpo y con conformación braquiocefálica, más corta de lo normal y funcionalmente menos efectiva. La consecuencia más común es que esto dificulte sobremanera la respiración del bulldog francés debido a una tráquea que suele contar con un diámetro más pequeño de lo habitual, orificios nasales estrechos y reducidos y un velo del paladar blando que es más espeso y largo. Por ello, la carrera no se prolongará demasiado porque el cansancio en este tipo de perros aparece de manera muy prematura.
Un olfato muy fino
Algunas investigaciones revelan que el olfato de los lepóridos es hasta 20 veces más potente que el del ser humano. Cuando estos animales establecen relaciones sociales y forman parejas, se reconocen a través del olfato. Cuando nacen, comienzan a aprender los olores nuevos gracias a un desarrollado sistema olfativo, por ejemplo, para el amamantamiento y el reconocimiento entre los individuos que forman la camada.






