El propietario se acerca para asistir al perro. Se trata de un setter inglés que ha quedado tumbado en el límite de un barbecho apuntando con su cabeza hacia el lugar de origen de ese olor que ha activado su muestra.
Una guía cargada de emoción
Como indica el estándar de trabajo de la raza, “es preferida la muestra tumbada o flexionada en un intento de ocultación ante la presencia de la presa”. También describe la primera posición del perro en esa posición forzada de la que hablamos: “Si en busca, corta una zona impregnada de efluvio que denote la presencia de la caza con una contracción improvisada, se achica y se queda en posición de felino en caza”.
Cuando su dueño llega a su lado, le insta a comenzar la guía. La caza está aún lejos y el perro debe conducir al cazador hasta ella de una manera sigilosa e intentando no ser descubierto antes de llegar a una distancia mucho más reducida. Esa guía vemos que es ‘de manual’, gatuna, felina, casi reptando por el suelo, realizando paradas que nos indican que las aves están ya más cerca. Cuatro o cinco pasos con las extremidades flexionadas y el cuerpo muy cercano al barro y una llega nueva pausa.





