Los Cid tienen una antigüedad de más de 150 años en la caza. El abuelo Majin fue el primer cazador de la familia. Este inició a Ramón, el protagonista de esta historia, en la actividad. El veterano traillero ha inculcado su pasión por la caza y los perros a Ramón, Miguel y Marcos. Hijo, nieto y bisnieto del perrero.

De izquierda a derecha, Joaquín Toro, gran amigo del cazador; Miguel Cid, nieto del cazador; Marco Cid, bisnieto.
La caza cómo medio de subsistencia
Ramón Cid se echó al monte, al igual que otros muchos jóvenes del medio rural de su edad, con tan solo 10 años. Capturaba conejos con hurón para llevar carne a la mesa y vender las piezas en el mercado de su pueblo natal. A los 18 años obtuvo la licencia de caza y el permiso de armas. Durante medio siglo únicamente practicó la caza menor. Tuvo que esperar a los años 90 para abatir su primer jabalí.

Imagen antigua del veterano cazador.
Tres décadas cazando con perros atraillados
Su pasión por los perros le llevó a adquirir canes para la caza de cochinos. Creó su propia línea de perros, fruto del cruce de perros de muestra, de rastro y podencos portugueses. A lo largo de su trayectoria cinegética ha cazado más de 50 ejemplares de notables trofeos. Todos ellos con la ayuda de sus perros. Hace tres años se vio obligado a cambiar la traílla por la caza en puesto fijo. Según su familia, Ramón es un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones en la caza.
Cacería en Galicia con los Cid. Vídeo editado y publicado por Eusebio Ezquerra.







