El cazador se acerca a su perro. Está ladrando a parado frente a un jabalí de un tamaño impresionante. Cuando se asegura de que el lance resulta seguro para el can, dispara en dos ocasiones. El gran macareno deja de retar al sabueso y comienza una veloz carrera, interrumpida por los impactos de los cartuchos de bala que aciertan en la parte trasera de su fornido cuerpo.
Un jabalí difícil de abatir
Una tercera detonación, esta vez apuntando con esmero para frenar la estampida del jabalí, consigue su objetivo y el animal ha sido herido de gravedad. Pero el lance no ha acabado. Al contrario, el peligro es aún mayor para el cazador y su fiel compañero cuando se acercan y vemos la longitud de los colmillos que arman la boca del suido. Los castañea en actitud amenazante a la par que impactante, pero sus heridas son mortales ante lo cual el cazador decide acabar con una escena cargada de tanto riesgo.





