Las distintas especies de mustélidos como las comadrejas, martas o martas suponen un peligro constante para los criadores de aves de granja. No solo para los huevos de las ponedoras, sino también de los pollos e incluso de las aves adultas.
Pequeñas, pero capaces de cazar animales grandes
Una comadreja (Mustela nivalis), como buen mamífero carnívoro, muy extendida por Eurasia y Norteamérica, ha evolucionado a través de los siglos para convertirse en un cazador muy eficiente capaz de capturar y matar presas cuyo tamaño puede superar entre cinco y diez veces su peso, que suele oscilar en los machos entre los 36 gramos de una cría y los 250 gramos de un macho adulto, siendo las hembras algo menores. Teniendo en cuenta que la comadreja es el mustélido más pequeño, las presas potenciales de esta familia de depredadores componen una larga lista, con grandes ratas, ratones, topillos, conejos, liebres, aves, especialmente las que anidan en el suelo, lagartos, serpientes, ranas e incluso peces, sin desdeñar insectos y otros invertebrados.
Cazan y matan todo lo que pueden
Pero los granjeros y criadores de aves de corral conocen bien a los distintos miembros de los mustélidos. Pero no solo por la predación sobre sus animales. Ya que también cumplen un papel beneficioso para el negocio al acabar con roedores, si están disponibles regularmente. Pero cuando esto no es así y, sobre todo, cuando tienen crías a las que alimentar, llegan los casos, muy numerosos, de ataques a las gallinas y a los huevos que ponen. Y matarán más de las que ellas y sus crías necesitan.
Cuando una comadreja entra al gallinero, el movimiento y los sonidos de las aves despiertan su instinto de caza. Esto lleva a los depredadores a seguir matando hasta que percibe que no queda nada más que matar. Pero también seguirá cazando y mordiendo la nuca de tantas presas como le sea posible con el objetivo de guardar comida para el futuro. Esta es la razón de que los propietarios de las aves las encuentren medio escondidas tras objetos como comederos o bebederos.
Por ello, muchos profesionales acuden a trampas como la que acabamos de ver.





