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lunes, abril 20, 2026

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Fototrampeo

Dos corzos pelean en pleno invierno delante de una cámara de fototrampeo

Sus cuernas sangran porque están desprendiéndose de la borra que las ha llevado a crecer y endurecerse. El comportamiento de estos animales resulta muy inusual si atendemos a que ha sido registrado en el mes de enero.

“Cuando dos corzos cargados con hormonas se encuentran” es el título que el autor del vídeo que compartimos hoy. Y lo hacemos por lo extraño de la manera de actuar de estos dos animales. No porque su especie no se caracterice por un marcado instinto de territorialidad y por enfrentarse a sus congéneres en cruentas luchas enceladas. Sino porque aún tendrían que pasar varios meses para que comience esa época en la que sus hormonas elevan su temperatura comportamental y les lleva a intentar imponerse a otros corzos por intentar quedarse con las hembras del territorio que quieren dominar.

El vídeo que vamos a ver fue grabado en Francia en el mes de enero. El suelo del bosque donde se produce el violento encuentro entre estos pequeños cérvidos está nevado. Los animales sufren las inclemencias del invierno, pero esto no les detiene a la hora de enfrentarse a su congénere en una pugna peligrosa para ambos debido a lo afilado de sus cuernas.

Cuernas sangrando y descorreando

Las imágenes nos permiten comprobar que uno de los ejemplares ya las ha descorreado, mientras que su oponente aún conserva la práctica totalidad del correal, esa piel sedosa repleta de vasos sanguíneos que trabaja para que la cuerna mineralice y se forme de manera sólida. Mientras conserva ese ‘terciopelo’, esa cuerna será un poco más porosa que la definitiva, por lo que esas luchas que vemos en el siguiente vídeo puede llegar a quebrarla de manera más sencilla que si estuviera totalmente formada.

Como curiosidad y al hilo de esto, cuanto más tiempo conserve esa correa, las cuernas serán más densas y más perladura presentará. La cuestión de que un corzo haya tirado ya la borla y el otro no se atribuye a que, en ocasiones, los ejemplares más juveniles suelen ‘desmogar’ más tarde que los individuos más maduros

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