Este oso pardo intenta algo que otros ejemplares de su especie han conseguido en situaciones similares. Gracias a un precioso vídeo grabado por David de los Bosques en Asturias, hemos podido disfrutar de esta escena de lucha natural por la vida o la muerte entre ambas especies. En aquella ocasión, la cría de bóvido no contó con opción alguna de salvar la vida al ser sorprendido por el depredador en un roquedo.
Una roca distrae al gran oso
Volviendo al vídeo que compartimos hoy, en su descenso por el desnivel de la montaña, el depredador ha arrancado una roca del suelo. Al pasar tras el arbusto que ha utilizado para acercarse a sus posibles presas sin ser descubierto, el sonido del desprendimiento de la piedra llama su atención. Le confunde y llega a creer que se trata de uno de los rebecos que se ha quedado atrás. Pero cuando la roca llega a su posición tras rodar por la loma, descubre que está perdiendo un tiempo precioso distraído. Cuando vuelve la vista a los rebecos, animales muy rápidos y tremendamente ágiles, con una fisionomía súper adaptada a entornos montañosos, estos ya se han alejado demasiado.
Depredador y presa: no solo cuestión de velocidad
El rebeco, además de ser capaz de correr a velocidades de hasta 50 kilómetros a la hora, es un bóvido de la subfamilia Caprinae cuyas pezuñas están perfectamente adaptadas para escalar y avanzar por suelos reservados a unos pocos animales privilegiados. Sus pezuñas son capaces de sostener su peso, de hasta 60 kilos en los machos de mayor tamaño, en salientes de la roca que serían imperceptibles para las patas de otros animales. Por su parte, el oso pardo es capaz de alcanzar esa velocidad, incluso superarla en situaciones óptimas (hasta 56 km/h), pero no podría perseguir a estos ágiles animales en suelos rocosos o irregulares.





