Llevaban un tiempo encontrando fruta en el suelo, ramas rotas y rasgaduras en los troncos de los árboles. Por ello, y ante la sospecha de que algunos animales entraban en los terrenos aprovechando la noche para darse, colocaron una cámara de vigilancia con visión nocturna. Esto les ha permitido descubrir a los ladrones de fruta.
Vemos cómo la hembra se yergue sobre sus patas traseras para alcanzar las ramas bajas del árbol. A continuación, tira de ellas para arrancarlas del tronco y bajarlas al suelo. De esta manera, tanto ella como sus rayones pueden saciar el hambre con unos frutos muy ricos en vitaminas, minerales, calcio, potasio, zinc y vitaminas A, C y K.
Vuelven también de día
A partir de ahí, los propietarios nos cuentan que se han encontrado con los jabalíes incluso a plena luz del día. Aparecen varias hembras. Una trae varias crías y otra, solo una. Cuando acabaron las ciruelas, comenzaron con las manzanas. La tranquilidad de la finca, a las afueras de una ciudad coruñesa, les ha llevado a tomarse unas confianzas impropias de la especie. El hambre les lleva a permanecer a pocos metros de los seres humanos sin preocuparse ni demostrar respeto alguno: “Solo cuando les chistamos o gritamos se alejan y vuelven al monte”, nos dicen.
Ciruelas Golden japan o ‘japonesas’, que tanto gustan a estos jabalíes.
Un caso más del fenómeno cada vez más preocupante del ‘jabalí urbano’, ese que abandona los montes y bosques para ir a procurar alimento en zonas urbanizadas, ya sean huertos de ciudad, contenedores de basura o incluso las bolsas de la compra de ciudadanos sorprendidos por su descaro.





